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Primero fue Patricio Aylwin.  Al borde de las lágrimas expresó sus profundos agradecimientos al “generoso patriotismo”(sic) y “aporte a la democracia” del ex ministro del interior de Pinochet, Sergio Onofre Jarpa.  Resulta que no nos dimos ni cuenta cuando se inició un proceso de beatificación express del aludido.

 El domingo pasado, tanto Televisión Nacional como el diario La Nación reprodujeron sendas entrevistas a Jarpa desde la tranquilidad de su fundo. Ambas con el mismo tono: Jarpa, que ya está viejito, ahora recuerda las anécdotas del plebiscito y su papel en la historia, sin duda un héroe de la democracia.

Jarpa: “Yo era partidario de una elección libre”

Con esa afirmación inverosímil, digna de una viñeta de humor político,  se encabeza la entrevista que La Nación publica en su edición especial de los 20 años del NO. El anciano es descrito de la siguiente forma: “…quien fue desde su juventud un activo dirigente político, fundador de partidos y carta segura en el Parlamento…

En ninguna parte del artículo se menciona que Jarpa fue ministro del Interior de la dictadura entre 1983 y 1985, es decir en uno de los períodos represivos más duros. Menos que en 1983 envió a las calles a unos 18.000 soldados para aplastar las protestas, con un resultado de 26 muertos, numerosos detenidos y torturados.

Pequeño detalle de su curriculum que también olvida el meloso reportaje de Televisión Nacional. Y por supuesto Aylwin, que posee unos parámetros éticos más flexibles.

Parafraseando al periodista Patricio Bañados (que citamos en la pasada columna), Jarpa  pasó de sangriento ministro del Interior a una suerte de abuelito de Heidi.

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