No se requieren virtudes adivinatorias ni mucho menos. La definición presidencial parece inclinarse hacia la derecha. Con ello, el mapa político institucional sufrirá modificaciones no demasiado dramáticas, habida cuenta de la distribución de las fuerzas en el parlamento que se reproduce en el resto de los órganos del Estado.
Existe amplio consenso entre quienes reflexionan desde diversos ámbitos sobre los medios de comunicación, que el derecho a la información se encuentra en un estado muy difícil de deteriorarse más. Pero no imposible.
Los diarios de circulación nacional, dominados por Copesa y el grupo Edwards constituyen la piedra angular de la agenda pública. Su contrapunto -de mucho menor impacto-, el diario La Nación puede criticarse desde diversos flancos, fundamentalmente por su excesivo afán propagandístico del último período. Pero debe reconocerse que al menos significa tener la mínima opción de leer una visión distinta (no alternativa) al discurso conservador. Que de tanto en tanto sus páginas contienen temas y autores que han constituído verdaderos aportes durante la post- dictadura.
Las señales que da Sebastián Piñera en torno al tema son inequívocas. En el programa de gobierno de su anterior candidatura (2005) propuso explícitamente la privatización del diario de gobierno. Hoy ese deseo no está escrito en su programa, pero sin duda lo mantiene.
En mayo del año pasado, conversando con Fernando Paulsen en la radio española ADN, el candidato conservador aseguró que no nombrará un nuevo directorio para La Nación, declarándose partidario de su cierre pues “los buenos gobiernos no requieren un diario”.
Cumpla o no con esta promesa, los kioskos de Chile serán invadidos diariamente por una sola agenda, un misma matriz cultural, derivadas de unos intereses minoritarios.
No resulta exagerado afirmar que tal escenario no se produce desde los años 80, antes que la dictadura permitiera la aparición de prensa opositora.
Para llegar a ese destino, se recorrió un trayecto en el que fueron cayendo uno a uno, todos los diarios que no respondían a un paradigma de derecha. ¿Lo estarán lamentando los responsables?.




Esa es la mejor frase (idea) de todo el artículo.
“¿lo estarán lamentando los resonsables?”
Mucho y tempranamente se ha estudiado, denunciado, evidenciado, documentado este proceso.
Poco se ha hecho en la práctica para remediarlo.
Saludos!