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Si nos detenemos un instante en la cobertura de los dos días de paralización de los empleados públicos deberíamos preocuparnos. Miles de trabajadores en las calles de todo el país, inédita adhesión de más del 90 por ciento, una movilización que pretende revertir el deterioro de los salarios reales provocado por la coyuntura inflacionaria.
Y contra esos miles, no sólo están las amenazas gubernamentales, sino además el encono desinformador de los canales de televisión.

La “sorpresa” del paro

El primer día de paralización irrumpe en los noticieros como venido de la nada. Lo mismo sienten muchos (la mayoría) que encuentran en ellos su única fuente de conexión con la realidad. Y es lógico que así sea.
24 Horas informaba el martes 11 de noviembre que numerosas personas que asistieron a servicios públicos “se encontraron con la sorpresa de que no estaban trabajando”.

No queremos suponer que sea algo planificado, pero la convocatoria de la ANEF  del viernes pasado no llegó a las pantallas de los noticieros centrales. Tampoco el público llamado a la población a no acudir a los organismos estatales. Es fácil sorprenderse entonces.

Las molestias

El poder de los emisores está en fijar el o los mensajes que finalmente circulan. Era inevitable la referencia a la demanda de reajuste de un 14,5%, sin profundizar en la negativa del ejecutivo a satisfacerla. Pero la información que saturó la cobertura no fue esa, sino que los efectos de la paralización: los trámites que no se realizaron, la basura que no se retiró y claro, la molestia de algunos usuarios de los servicios públicos.

Es, por cierto, una perspectiva de la situación, pero es la menos relevante y por lo demás toda paralización supone anormalidad. La intencionalidad es evidente: aislar a los trabajadores movilizados del resto de la sociedad. Poner a los ciudadanos de a pie contra sus similares, recurriendo a la manipulación informativa.

Fueron entrevistados en la calle varias personas, con la ramplona interrogante si le molesta la basura en la calle o si le causa escozor postergar sus trámites. Por supuesto todos los requeridos disparaban en la dirección editorial de los medios. Así se genera la falsa impresión de unanimidad.

Pero, como siempre, a nadie se le preguntó por la justicia o injusticia de las peticiones de los trabajadores del sector público. Curioso, entre varios millones de personas nadie los apoya.
Se acallan los argumentos, las realidades.

Varios principios propagandísticos se han puesto en marcha. No importa que sean muchos ni que sean igual que usted, aun así son los enemigos de la “ciudadanía”, la más perjudicada según la consigna oficial.

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