Recuerdo claramente como en octubre pasado el periodista Carlos Zárate (Canal 13) entregaba un breve pero sentido reportaje sobre la conmemoración de los 62 años de lanzamiento de la bomba atómica sobre Hiroshima por parte de Estados Unidos. Muy completo, salvo el detalle que en los 3 o 4 minutos que duró nunca se nombró a los autores de la masacre.

En el mismo pecado incurre Karen Ebensperger, la comentarista internacional de El Mercurio. Al escribir sobre los próximos Juegos Olímpicos en China, Ebensperger evoca de esta forma los juegos de Tokio:

En 1964, la llama de los Juegos de Tokio fue encendida por el corredor japonés Yoshinori Sakai, quien nació en Hiroshima el 6 de agosto de 1945, el mismo día en que sobre esa ciudad cayó la bomba atómica. Él fue símbolo del renacimiento de Japón.

Así. La bomba atómica simplemente cayó del cielo y 120.000 personas murieron instantáneamente. Claro, tal vez la omisión se pueda justificar en que resulte muy obvio que Estados Unidos fue quien ejecutó la macabra acción. Pero es curioso como este tipo de frases se van consolidando en el discurso de los medios y luego traspasado a nuestras conversaciones cotidianas. Y que la omisión se de en el contexto de un episodio histórico no le resta gravedad pues no se puede presumir que todos conozcan la historia, menos en estos días.

Se trata de un “descuido periodístico” recurrente. En el fondo, este artilugio que puede parecer una simplificación inocua del lenguaje, es un mensaje dirigido al público menos instruído, a muchas personas que se quedarán con este relato y que no tendrán posibilidad de confrontarlo con otro.

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