
Después de la alegría nacional por la confirmación de que los 33 mineros encerrados se encuentran con vida, la televisión se empeña en echarlo todo a perder. A saturar con imágenes, a convertir el rescate en una teleserie interminable.
Puede atribuirse a que los noticieros de televisión vienen consolidando un estilo sensiblero, cuya última preocupación es informar. En ese despeñadero parece no haber descanso.
Pero hay que anotar algo más. De nuevo los trabajadores pueden alcanzar las pantallas a punta de tragedias. Así también, las precarias condiciones laborales de miles salen de la nebulosa, pero sólo por un momento y con información muy fragmentada.
La manipulación emocional se encarga de devolver la dura realidad a la oscuridad acostumbrada.
No vendrá, como consecuencia de este accidente, la apertura de un debate en los medios sobre las excesivas facultades empresariales, que permiten la obtención de utilidades extraordinarias. Sobre los escasos derechos laborales. Eso es una certeza.
Trabajadores son simpáticos, pero de lejos.
La contención ya está en marcha, desde el día del derrumbe. Parlamentarios, una fila de autoridades de gobierno, incluso artistas extranjeros pudieron entregar sus reacciones para todo el país. Los familiares de los atrapados también, naturalmente emocionados por la suerte de los suyos.
Para los trabajadores organizados, no hay cámaras ni micrófonos. Ellos piden responsabilidades y cambios. Ni la Confederación de Trabajadores del Cobre, ni la CUT, tienen derecho a opinar. Tampoco la Confederación Minera, cuyo presidente Nestor Jorquera en entrevista con TeleSur, denunció que el gobierno impidió el acceso de los sindicalistas a la mina.
Como es evidente, se pretende con esta limitación eludir el problema de fondo. El punto de vista de los sindicatos puede ser en extremo peligroso. Es mejor que otros hablen por los mineros y que impere la mesura.
También lo comprende el gobierno, que convocó a una “Comisión para la Seguridad en el Trabajo” compuesta por “especialistas”. Ninguno de ellos es un trabajador. Pero eso a nadie sorprende.



[...] La saturación informativa genera un malestar subterráneo. Una encuesta reciente afirma que un 79% de los chilenos cree que los medios se están aprovechando de la imagen de los mineros atrapados. [...]
que suerteque salieron ahora ya la gente esta feliz