Una vez más, Venezuela pasa a ser tema de política interna. Es conocido el hecho que el conflicto fue iniciado por el Senado chileno al designar unilateralmente a varios de sus integrantes, como observadores de las pŕoximas elecciones parlamentarias en ese país, cuestionando por adelantado la transparencia del proceso.
La prensa, invierte los roles presentando la respuesta venezolana como responsable de la escalada de declaraciones entre instituciones de ambos países.
Polémica que, como cualquier otra, concita opiniones diversas en nuestro país. La magia de la televisión, sin embargo, consigue la unanimidad.
“Los dichos de Hugo Chávez…siguen generando rechazo en nuestro país”, dice la edición central de 24 Horas del domingo. Sin un rastro de pudor, la tribuna noticiosa se le brinda con exclusividad a los parlamentarios alineados contra el gobierno de Caracas. El disenso se mantiene convenientemente oculto, excluído.
Como para probar que Chile es tan democrático que puede supervigilar a otras naciones.
Por otra parte, no deja de ser curioso que en la misma sesión del Senado, se aprobara otro acuerdo que demanda el reconocimiento del gobierno de Honduras, emanado de unas elecciones organizadas por el régimen de facto de Roberto Micheletti. Tal proceso electoral, fue rechazado por la comunidad internacional, exceptuando a Estados Unidos y sus aliados.
Fue también esta flexible manera de entender la democracia, la que llevó al gobierno de Ricardo Lagos a legitimar el breve gobierno de facto de Pedro Carmona, tras el Golpe de Estado de 2002 en Venezuela.





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