armas

“Se palpa la unidad nacional”. Con estas palabras un periodista de TVN describía el concierto del Estado Nacional, una de las actividades de celebración civiles, cubiertas por el canal estatal. La unidad nacional, aquella expresión predilecta de la dictadura militar, resucitada por las actuales autoridades.
En clave televisiva, se expresa en -entre otras cosas-  los consabidos adjetivos hacia las Fuerzas Armadas, depositarias privilegiadas del “espíritu del Bicentenario”. También en un virtual congelamiento informativo de los conflictos en curso.

El tradicional militarismo, exagerado en esta ocasión y fielmente representado por la televisión, invisibiliza cualquier otra manifestación no institucional, que conmemore el Bicentenario. Con la salvedad, por supuesto, de la embriaguez de las fondas, única opción de protagonismo del ciudadano de a pie.

Héroes del Bicentenario

Son también estas marciales festividades, una buena ocasión para evaluar la intensa campaña de relaciones públicas desplegada por el dispositivo mediático en favor de las instituciones armadas, con posterioridad al terremoto de este año.
Los medios consiguieron instalar la amnesia en tiempo record. Sólo su acción permite que aquellos que fueron cuestionados meses atrás, hoy sean congratulados por la “impecable” acción ornamental de sus dirigidos.

Porque en un teatro real, los resultados fueron otros. Pero allí está el General Ricardo Ortega, al mando de una Fuerza Aérea que demoró preciosas horas en proporcionar pilotos la noche del terremoto.
Está también, con sus medallas, el Almirante González, el mismo que se “relajó” la madrugada del terremoto y tsunami. Pero la euforia discursiva de la televisión sólo admite recordar las “glorias”, aunque no estén bien determinadas.

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