civiles

Reaparece Afganistán. Las tropas del Premio Nobel de La Paz secundados por británicos y soldados del gobierno colaboracionista de Hamid Karzai golpean con dureza a la insurgencia del Talibán. Y como ya es costumbre también a los civiles.

Como toda agresión militar, va acompañada de unas imágenes y un lenguaje que reproduce la prensa “amiga”. La ofensiva ocupó la portada de El Mercurio el pasado 14 de febrero con una fotografía sugerente (imagen superior) bajo la leyenda ” soldados estadounidenses junto a un civil afgano y su hijo”. La potencia imperial, personificada en un soldado, es el escudo protector de los débiles,  y busca “tomar control de una región usada para produción de opio y el entrenamiento de los guerrilleros”. Derrotar el mal.

Si para ello hace falta aterrorizar a los civiles, bien puede considerarse como un accidente de segundo orden. En un primer suceso fueron 12 los civiles asesinados por cohetes de la fuerza ocupante. El Mercurio lo consigna en una breve nota ilustrada por una fotografía que parece de un combate, absolutamente fuera de contexto.  A las doce personas nadie las mató por supuesto, simplemente “murieron” por un supuesto error que más tarde se aclararía que no fue tal.

La propaganda de guerra, aquella que responde a la necesidad política de una potencia militar, en este caso agresor, de anular comunicacionalmente al enemigo, se sirve siempre de los medios de su nacionalidad. Y también de otros que históricamente le han sido fieles.

La premisa más básica impone el cambio de roles. Nuestro Decano no recuerda que el conflicto en Afganistán se inició por una ocupación militar bajo la cobertura de la “Guerra contra el terrorismo” y que son precisamente estas fuerzas invasoras las que pretenden asegurar su presencia ilegítima valiéndose de crímenes de guerra. Total, “las familias de las víctimas serán compensadas“.

Dudosa moralidad del diario defensor de las ” libertades”.

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