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Mas vale tarde que nunca. Pero antes que sea demasiado tarde haremos un breve recuento del año que pasó.

Los conflictos laborales, partiendo por la reedición del diferendo entre los trabajadores del subcontrato y Codelco, dieron cuenta no sólo de las persistentes desigualdades económicas sino que también, como alguien dijo, de una brutal inequidad en la  “distribución de la palabra”. Eludiendo un debate necesario, que alguna vez se puso de moda en coyunturas electorales, se reemplazó por la lógica del enemigo interno en distintas variantes. Como en este caso fue la clave de la “violencia”, más tarde en el paro del sector público ante la total ausencia de ésta se empleó la imagen de la basura en las calles con el mismo propósito. En el orden de batalla siempre estuvo la voz del empresariado y la del ministro de Hacienda, como un campanilleo incesante.

En el plano de la cobertura internacional, los medios de comunicación disfrutan de gran libertad, ya no para simplemente silenciar hechos relevantes. La tergiversación, manipulación y en ocasiones el recurso a la invención, configuran una campaña gota a gota contra los  gobiernos de Venezuela, Bolivia y Argentina. Como acertadamente afirma nuestro amigo Jorge Díaz, se construye un ideario que se espera sea internalizado por las mayorías. Una auténtica política de contención.

Y a veces hay que inclinarse ante la capacidad de la gran prensa. No debe ser  fácil crear héroes de un día para otro. Pero lo hicieron con el llamado “General del Pueblo”. Una obra maestra.

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