Parecía un contrasentido y una pena que el canal “público” (en rigor, representado por los partidos políticos con presencia en el Congreso) estuviera tan lento en cuanto a fijar una programación adecuada a la celebración del centenario de la República que se avecinaba y para el que diversos organismos, públicos y privados, incluidos algunos sin relación directa con el campo cultural, ya estaban dando muestras de actividades e iniciativas de revisión histórica, rescate o revalorización patrimonial o extensión cultural. En tal sentido, más pareció una reacción cuando TVN anunció el concurso Grandes Chilenos de Nuestra Historia, que, tal como la Cultura Entretenida, el concurso El Baile y otra serie de programas de “producción propia” son en realidad franquicias y adaptaciones de la televisión extranjera (para este caso, de Grandes Británicos, realizado por la BBC). En rigor, Canal 13 ya hacía un año había anunciado, en un esfuerzo sin precedentes para nuestra televisión, una serie de telefilms que revisaría los principales personajes de los primeros años de nuestra vida independiente.

Es así como, mediante micro espacios, se nos comenzó a presentar a los personajes de la cultura, la política, la ciencia, la economía, etc., por los que estudiantes y profesores debían votar, con lo cual se elegiría a los 10 con más alto puntaje, los que participarían en una segunda fase, en la que cual se presentarían documentales de cada uno de ellos, mientras se abría una nueva etapa de votación para elegir, esta vez, en un ranking que fluctúa en cada capítulo, al “Gran Chileno del bicentenario”. La Preselección de estas primeras 60 personalidades estuvo a cargo de una comisión de historiadores, cientistas sociales, artistas e intelectuales, y solo consideró a figuras fallecidas como candidatos a ser el chileno más importante. A partir de eso, la decisión estaba en manos de los votantes-teleespectadores. Generó algún debate el que el general Pinochet, pese a la adhesión que aún despierta, ya sea velada o públicamente, no fuera propuesto por ningún miembro de la comisión. Olor a pie forzado y políticamente correcto, sin duda.

 

¿Cómo valorar un concurso como éste? Pasa por varios factores. Sin duda el más positivo es que se le da la oportunidad a la “gente de a pie”, común y silvestre a que, mediante su voto, elija a su candidato (en la primera fase, recuérdese, eran solo profesores y alumnos los votantes, luego en esta última, son todos quienes quieran participar, incluso, hasta tres veces por día). Esto es una posibilidad, me parece, inédita de democratizar la elección de nuestros héroes, prohombres, referentes cívicos y culturales.

Para Gabriel Salazar, Premio Nacional de Historia y participe de la comisión que seleccionó las primeras 60 figuras, el resultado reveló la defenestración de varios héroes político-militares normalmente vanagloriados por la (coligada) clase político-militar: O’Higgins, Portales, Bulnes, Montt, Balmaceda, Alessandri y otros y, a la inversa, la entronización de varios otros “grandes chilenos” que se destacaron en la creatividad cultural (Pablo Neruda, Violeta Parra, Víctor Jara) y en su lucha inclaudicable por los valores democrático-sociales (Manuel Rodríguez, Salvador Allende, Alberto Hurtado). Estamos, al parecer, viviendo el tiempo en que los héroes “vencedores” están dando paso a los héroes de los “perdedores” [...] Rechazando la dudosa legitimidad de las cáscaras estatistas y abriendo paso a la legitimidad profunda de la sociedad civil. El tiempo histórico en Chile está girando en espiral, y eso invita a mirar de otra manera, no solo el pasado, sino, sobre todo, nuestro presente. La memoria social está aprendiendo, hoy, a mirarse a sí misma.

Sin duda en tal sentido, Grandes Chilenos constituye un aporte, pero ¿era esta la única forma de hacerlo?

Da un poco de escozor ver a un Neruda compitiendo voto a voto con Víctor Jara y Violeta Parra su lugar en el ranking. Seguir como Allende le gana puntos a Lautaro y le pisa los talones a Prat. Apreciar como la Mistral, a un año que sus documentos privados volvieran a Chile, revelando datos decidores de una de las mentes más avanzadas de América y el globo en cuanto a los derechos de la mujer, la mirada y denuncia sobre la pobreza, el lugar de los intelectuales y artistas y la política, además de su preocupación por la infancia que inspiró su vocación de maestra, …esté en el ¡último lugar de la tabla! con un inevitable sabor a reiterada ingratitud (pese a que está décima de sesenta) ¡Qué decir de los 50 que quedaron fuera del selecto grupo final!

Personalmente soy de la opinión que la selección se hubiera limitado a elegir a los 10 chilenos, para pasar a la exposición de los documentales de cada uno de ellos en forma serena, profunda y reflexiva, y no como un concurso de belleza o infomercial sofisticado y culto, que termina en un limpio “llame ya”! y es que “la competencia” me parece ridícula, torpe, distractiva e innecesaria. (además de generar efectos indeseados como la campaña por evitar el que gane Allende por parte de ciertos grupos conservadores, que instan a votar por quien mejor le compite, el muy noble y merecido en su sitial de héroe, Arturo Prat).

 

Pero otra cosa son los programas. Correctamente realizados, son, como todo esfuerzo serio, un aporte, aunque, adaptados (y como no) al formato televisivo, algo breves y “simples” (rápidos) para las dimensiones y aristas que cada personaje comprende. Me parecen en los personal una revisión correcta (demasiado, a veces) de lo esencial de cada biografiado, mostrando las principales aristas, hitos vitales, líneas de acción o ideario, salpicados de alguna revelación o anécdota amenizante. A cargo de distintas productoras, las que deben adaptarse, obviamente a una estructura similar, el sabor de boca final de cada episodio puede ser distinto (eso, aparte de toda la carga que cada personaje, comprende) A veces, a mi me traen al recuerdo, por su tratamiento, algunas estrofas que Los Prisioneros hicieron famosas en los ochentas: “Claro, tú postura no molesta / [...] tu fin es algo atacar o ganar aplausos. /Tú te quejas de las bombas / hablas que con el planeta van a acabar / Pero nunca das un nombre / tienes miedo a quedar con alguien mal. /En las peñas, facultades y en la televisión, junto a los artesas y los conscientes [...] Nunca quedas mal, quedas mal con nadie…”

Bueno, son los riesgos de copiar una formula y no echar mano, en un lugar donde se supone debiesen estar algunos de los más brillantes creativos del medio, a las propuestas nacionales, en su forma, fondo, y sensibilidad. Nada menos que en “el canal de todos” el de los Chilenos (por que no decir Grandes). Habrá que esperar hasta el tricentenario… (aunque dudo que para entonces estemos vivos)

*Jorge Díaz Arroyo es Licenciado en Historia y Profesor de Historia y Geografía

Compartir:
  • Facebook
  • Twitter
  • Google Bookmarks