
Hay que citar nuevamente las palabras del mexicano Andrés Manuel Lopéz Obrador, es necesario: “la característica de la derecha en el mundo es que no aceptan nada…”
No toleró ser despojada de sus privilegios hace 35 años en Chile, cuando derribó manu militari a un gobierno legítimamente constituído. No acepta hoy que un indígena impulse una revolución por caminos pacíficos, no tolera que las mayorías empobrecidas pretendan ponerse de pie y recuperar lo que es suyo. Un golpe se fragua en Bolivia, bajo la fórmula de la guerra civil.
En nuestro país como es la costumbre ya nos olvidamos que hace apenas unas semanas más del 67% de los bolivianos respaldó en las urnas el proceso de cambios. No es un dato de la causa para nuestra prensa, la crisis se exhibe como algo prácticamente nuevo. Inconveniente resultaría refrescar la memoria pues pondría en evidencia la absoluta falta de fundamentos de la violencia desatada por la derecha boliviana.
La nota común entre el golpe de 1973 y la sedición de hoy en el hermano país salta a la vista. Hay una fuerza, externa y todopoderosa, que porfiadamente quiere imponer su mezquina voluntad por sobre la de los pueblos.
No es una mera suposición. Los gobiernos de Argentina, Brasil, Paraguay y Venezuela reaccionaron con firmeza. Seguramente vio usted en los noticieros al presidente venezolano. “Ahora se metió Chávez” se leía en las imágenes de Canal 13, que acostumbra a editorializar en sus reportes culpandolo de todos los males de la humanidad. Del explícito respaldo de los demás gobiernos al presidente Morales escasea la información. Especialmente directos fueron los argentinos que pidieron a la comunidad internacional condenar:
“las acciones violentas impulsadas por autoridades locales, así como todo intento exterior de buscar la desestabilización de gobiernos populares elegidos democráticamente, en elecciones libres y sin proscripciones en Sudamérica”
No por nada fue expulsado el embajador norteamericano de Bolivia, quien fue advertido sobre la impertinencia de sus encuentros con prefectos que desconocen la autoridad central. No son nuevas las sospechas que se ciernen sobre las actividades de la diplomacia nortemaericana en ese país. El precedente de la injerencia del país del norte en otros procesos está suficientemente documentado. Sólo ayer fueron reveladas nuevas e inéditas conversaciones entre Nixon y Henry Kissinger.
La historia, sin embargo, se esconde bajo la alfombra. Nunca se saca a colación que el golpe que destruyó la democracia chilena fue engendrado en las tierras del Norte. Ni aun cuando se conmemoraron los 30 años de la tragedia, en medio de febriles declaraciones de mea culpa, se le pasó la cuenta a la embajada norteamericana.
Veamos que cariz va tomando la información sobre esta asonada en desarrollo.





Mediáticamente (y tal vés también políticamente -como olvidar la sorprendente declaración de apoyo del entonces presidente Lagos al golpe de estado que destituyó por 48 horas al Presidente Chavez-)el golpe también se fragua desde Chile.
Lo curioso es que de acá mismo podemos otorgar la lección más dolorosa de que sucede cuando un golpe de las características del que se cocina en Bolivia se sucede.
Y si la paradoja es poca, solo ayer se conmemoraba un aniversario más del nefasto hecho.
He de esperar que no se repita la historia.
Es Historia repetida la de estos Yanquis. Recordemos la clandestina intervención, en los asuntos internos de Chile y un basto programa de actuaciones secretas dirigidas a desestabilizar, económica, social y políticamente el Gobierno del Presidente Salvador Allende. Ahora en Bolivia contra el Presidente Evo Morales.
Me adhiero a las palabras de Hugo Chávez ” Ya basta de tanta mierda de ustedes Yanquis “.
UN SALUDO POR LA MIRADA QUE NOS ENTREGA OTRAPRENSA.COM