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Poco más de dos años han transcurrido desde la celebración de las últimas elecciones presidenciales en México. En julio de 2006 quedaron algo más que dudas sobre la legitimidad del triunfo de Felipe Calderón,  candidato del Partido Acción Nacional, por sobre el izquierdista Andrés Manuel Lopéz Obrador (PRD). Decenas de miles de votos sobrantes en las mesas, exclusiones irregulares en el padrón electoral, manipulación de casillas por parte de militantes del PAN. Todo ello precedido de una feroz campaña del terror en televisión financiada por las grandes empresas.

Es la historia que relata la película Fraude: México 2006, del director Luis Mandoki. Con un cuidado lenguaje cinematográfico va revelando episodios y antecedentes  del proceso sosteniendo una premisa: la historia se repite. Ya existía el antecedente de la “caída del sistema”, grosera artimaña que impidió en 1988, el ascenso al poder de la izquierda liderada entonces por Cuauhtémoc Cárdenas.

Y las causas del fraude las entrega el propio López Obrador citando la experiencia chilena, la travesía democrática  de Allende y los aviones bombardeando las aspiraciones transformadoras de un pueblo.
“…la característica de la derecha en el mundo es que no aceptan nada, quieren mantener el mismo régimen a costa de lo que sea…. Cuando no pueden mantenerlo por los cauces legales, los rompen.”

La censura a millones

El concurso de los medios masivos es siempre indispensable. Pese a los numerosos testimonios, según el documental, la concentrada televisión mexicana no dió cuenta de ninguna polémica durante el curso del recuento y siguió transmitiendo los resultados como si nada pasara. Antes y después de la elección, los medios se cerraron. Cómo afirma un entrevistado: “nos van hablar del fraude en 2014 y vamos a ser muy democraticos…así opera la censura…”

El bloqueo que siguió al resultado final fue implacable. A un punto tal que Lopéz Obrador se vió obligado a contratar un espacio televisivo a la una de la madrugada. De otra manera no existiría más. Aún aceptando la legalidad del resultado electoral, hablamos de la negación de un personaje que recibió más de 14 millones de votos (el 35%).

Fraude nos deja una lección profunda, una noción universal sobre el concepto de democracia, con detractores también universales. Un sistema político con  debate,  control ciudadano, derecho a la información.

Pero, como reza la publicidad del film, “la democracia no se ve en la tele”.

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