Entre bueyes no hay cornadas

Joaquín LavínEs lo que podríamos concluir después del último y aburridísimo Tolerancia Cero. Resulta que a casi todos les invadió la timidez a la hora de hablar del escándalo de corrupción destapado en algunos municipios UDI. En primerísimo lugar a Joaquín Lavín, quien esquivó el fondo de los manejos brujos en Huechuraba, ayudado por los panelistas que, como de costumbre sólo preguntaron por lo más superficial.

 

Deciamos a casi todos, pues Sergio Melnick no escatimó en ataques contra su ex partner durante la dictadura, llegando a exigirle a Lavín (en dos ocasiones!) que pidiera perdón por sus dichos acerca de que la corrupción también alcanza a la derecha. Curioso personaje Melnick. Es como el hijo del entrenador del club de barrio, que por malo que sea, juega igual. El hombre no es capaz de salir del argumento pueril, se enreda en su torpeza. Pero merece una oportunidad.

Sobre los otros dos panelistas, algunas palabras. Guillier no abandona el guante blanco. Preguntó a Lavín su opinión sobre el sistema binominal casi pidiendo perdón. El ex candidato saca su garra conservadora, aunque reconoce que puede ser injusto para “algún partido nuevo”(?). ¿La exclusión de la izquierda extra parlamentaria? No, no es tema para la mesa, nada que ver con el binominal.

Finalmente, Fernando Villegas insiste en creer que si utiliza la palabra “fariseo” cien veces logrará un aire intelectual . Pero su arrogancia lo traiciona. Ante el drama político de Lavín y su yerno se despacha una frase que bien podríamos escuchar en alguna kermesse: “Primero la familia, segundo la familia y tercero la familia…”

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