El conductor de Teletrece, Iván Valenzuela, escogió una mal lograda dramatización para  introducir una nota sobre las reacciones al bloqueo sindical al diario argentino Clarín, la semana pasada.  Al compás de la SIP y de la prensa conservadora argentina, presenta una sola versión de los hechos, la acusatoria, que responsabiliza directamente al gobierno de Cristina Fernández del hecho, sin aportar antecedentes que lo acrediten.

Se afirma categóricamente en la nota del 13, que la protesta impidió la publicación de graves denuncias contra el sindicalista Hugo Moyano, afín al gobierno. Sin embargo, los también alarmistas editoriales de La Tercera y El Mercurio sostienen exactamente lo contrario: que el bloqueo vino como consecuencia de que Clarín publicó acusaciones contra ese dirigente.

Tanto Canal 13 como el duopolio de la prensa escrita toman este incidente- cuya verdadera naturaleza no parece aun del todo clara- , para plantear que se trataría de “un nuevo golpe a la libertad de prensa en el país vecino”. Cabe preguntarse  a que “golpes” se refieren.

Los diarios son más explícitos que el canal de Luksic, que sólo quiere entregar un mensaje para digerir con velocidad. La Tercera, afirma que la política de medios del gobierno argentino ha afectado “en muchos casos el derecho de propiedad”. El diario de Agustín va un paso más allá al acusar un hostigamiento a la “prensa independiente”, dificultando “su participación en la TV por cable…” He ahí el problema.

El objetivo parece ser invertir el sentido de las cosas. Si se emprende un camino de reformas a un  sistema de medios para asegurar el ejercicio de la libertad de expresión, se debe concluir que ella está en peligro.

Por otro lado, un periódico trasandino verificó que Clarín pudo haber salido a la calle a través de otros seis portones de la gigantesca planta impresora, pero voluntariamente no lo hizo. Pero esta información no llegará a nuestras pantallas.

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