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Pasaron varios años, desde la segunda vuelta de la elección presidencial, para que la izquierda extraparlamentaria retomara algún grado de presencia en la política nacional y su estrecha plaza pública. Este sector alcanzó por primera vez un acuerdo electoral con la Concertación para la próxima contienda municipal.

 Tal alianza instrumental responde  al diseño táctico elaborado por el Partido Comunista para terminar con la exclusión , sumado a una inédita buena disposición del oficialismo en tal sentido. Preciso es insistir en que esto no sólo se reduce al acceso al Congreso.

Existe una verdadera cultura y un lenguaje de la exclusión. Desde luego los comunistas no son considerados en el vocabulario de la política. Es perfectamente natural que cuando escuchamos hablar de “la oposición” entendamos la referencia a los partidos de derecha, a sus cabezas visibles.
El Juntos Podemos y el PC parecen ser una categoría extraña a la realidad. Son los otros. Un grupo, a ojos de las masas consumidoras de la Tele, muy silencioso y probablemente poco interesado en incidir en el devenir del país.

Según la ultima encuesta CEP de junio de 2008 el único dirigente de la izquierda extra parlamentaria que es “conocido” por la población es Guillermo Teillier, quien aparece con un magro 47% de conocimiento. Lo que no es para nada casual.

La contradicción de todo esto es que  estas organizaciones pueden denominarse con toda propiedad como opositoras, al proponer un programa político alternativo al modelo económico y social dominante. Un ideario que se diferencia notoriamente del sustentado por la coalición gobernante, y completamente opuesto al proyecto de la llamada Alianza por Chile.

Pero los elementos diferenciadores ¿tienen realmente expresión en esta coyuntura en que el PC parece haber recuperado conexión con la opinión pública?
O bien ¿cuál o cuáles mensajes llegan en este minuto a la población desde aquella trinchera?

Las claves mediáticas del acuerdo por omisión obedecen a un esquema ya conocido: cuáles comunas, que pierde el PDC, los arrebatos de los disconformes, la polémica por Estación Central… El conflicto de poder liso y llano. Con suerte podrá instalarse la superación de la exclusión como idea fuerza.

Sin ánimo de cerrar la interrogante, percibimos que esta fuerza política asoma en esta ocasión a la luz pública bajo unas reglas del juego muy difíciles de transgredir. Más aún cuando un pacto de estas características involucra una inhibición inevitable de la crítica.

Es el teatro de operaciones de la política institucional. Es decir, un espacio donde podrá comunicarse un envase rupturista, pero cercenando el contenido hasta volverlo dramáticamente inofensivo.

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