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Fue el 11 de julio de 1971. El gobierno de Salvador Allende nacionalizó la gran minería del cobre mediante reforma constitucional aprobada unánimemente.

Un paso audaz fruto de largos años en que distintas fuerzas políticas educaron sobre la necesidad de la recuperación de los recursos naturales, sobre la base del concepto de soberanía económica. Era en aquellos tiempos en que el pueblo chileno votaba por programas y no por consignas publicitarias.Hoy, un día histórico, señalado como de la Dignidad Nacional. Pero todos guardan silencio. Porque no corresponde culpar sólo a la gran prensa. Es altamente incoveniente para quienes deciden los destinos del país que aflore la verdad sobre la gran minería del cobre. Sobre como se revirtió la nacionalización sin ninguna legitimidad , devolviendo las dos terceras partes del cobre a compañías extranjeras. ¿Y a cambio de que? De casi nada.

Lo indica el economista Julián Alcayaga:  las empresas privadas apenas tributan tres veces menos que Codelco. Y en ocasiones no tributan un peso, como ocurrió con la mina Disputada de Las Condes, que en 25 años sólo se dedicó a ganar plata a manos llenas.

El cobre es noticia cada vez que presenta un alto precio, y ahí es cuando  se llenen páginas acerca de las ganacias que obtiene el país, de la bonanza fiscal. Pero nunca se habla de los montos que el Estado deja de percibir a raiz del verdadero regalo de un recurso que en teoría (art. 19 Nº 24 i VI de la Constitución) pertenece a todos los chilenos.

Huelga decir que por el contrario, el cobre fugazmente aparece en los medios  sólo cuando se insiste en la privatización de Codelco. Ahora que la situación económica se deteriora bien valdría acordarse que de Chile emana el 36% de la producción mundial y que la mayoría de esos recursos no terminan precisamente en pensiones o en obras públicas.

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