
Uruguay versus Ghana, el partido más emocionante de cuartos de final de Sudáfrica 2010, sólo pudo ser visto en directo por una minoría. Pero no ha sido completamente inútil. La actitud de desprecio de TVN hacia sus televidentes, al ceder buena parte de los derechos de transmisión del Mundial de Sudáfrica a DirecTV, ha inducido a muchos dudar del carácter público de la estación. Amén de la propaganda engañosa, existe una abierta discriminación hacia la mayoría que no tiene acceso a TV satelital e internet, y que gusta del fútbol.
A lo menos podemos afirmar que se cambiaron “las reglas del juego”, como se suele decir cuando lo que está en juego son intereses corporativos.
El fútbol, en tanto información socialmente relevante, viene “privatizandose” desde hace varios años. La creación de derechos exclusivos de transmisión de los goles del torneo nacional fue un hito importante en la dirección de comercializar directamente todos los productos asociados al fútbol. Tales derechos, hoy detentados por Mega, impiden al resto de los noticieros difudir las imágenes de los goles por varios días, limitándose a la entrega de resultados.
El valor social del fútbol como deporte más popular, no es considerado en nuestro país. Sólo es enarbolado como discurso patriotero y comercial. Argentina, otro país futbolizado, optó recientemente por garantizar por ley el acceso universal a “contenidos informativos de interés relevante y de acontecimientos deportivos, de encuentros futbolísticos u otro género o especialidad“(art. 77 Ley de Medios). Camino que causa terror en los medios nacionales.
A propósito de la transmisión del Mundial, La Tercera editorializa justificando el accionar de TVN, negando la existencia de “derechos adquiridos” para ver los partidos en forma gratuita. De paso, señala como un mal ejemplo la adquisición de los derechos del fútbol por parte de la Televisión Pública Argentina.
Desde otra perspectiva ¿se habló de fútbol en televisión?. Ni aún en este campo se ofrece una programación inteligente. La cobertura del Mundial fue muy exagerada y además siempre centrada en cuestiones accesorias, nunca en el deporte. Así fue en los noticieros y en los espacios dedicados, presuntamente, al Mundial. En las largas horas televisivas mundialistas perfectamente pudo existir un programa de análisis futbolístico, de historia de los mundiales, en fin, algo un poco más elaborado que las esperables celebraciones o lamentaciones de los fanáticos.




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