
Cuba está nuevamente en el centro de la polémica, y se transforma en asunto de política interna con potencia incluso para revivir antiguas alianzas “por la democracia”. En ese contexto resulta pertinente preguntarse sobre el compromiso que aparentan tener ciertos medios chilenos con las libertades y los derechos del hombre.
No por sobradamente conocido, debe dejar de recordarse como un dato de la causa el activo respaldo de estos medios a las violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar. Aquí caben La Tercera, El Mercurio y el Canal 13.
Hoy, surge nuevamente la interrogante sobre el parámetro para determinar un modo de informar y en ocasiones también sobre qué informar.
La huelga de hambre de la activista de la causa mapuche Patricia Troncoso, sólo quebró el silencio informativo cuando llevaba cerca de 60 días, es decir, cuando un desenlace fatal era inminente. Que decir de la cobertura que ha merecido la muerte de mapuches durante los últimos años a manos de la policía, el último de ellos, baleado por la espalda.
En estos días, la disolución de una marcha pacífica de opositoras en Cuba, un hecho por cierto reprobable, ha despertado una fuerte campaña mediática. No se ocuparon bastones, gases lacrimógenos ni guanacos. Pero es señalada como “brutal agresión” por La Segunda. Tema de portada de toda la semana.
Parece tan evidente, pero en nuestro país, la dura represión policial a las manifestaciones callejeras que opera como la regla general, nunca atrae la atención de los medios. No se le califica, salvo para enunciar la ritual frase “carabineros debió intervenir”.
El doble rasero campea en nuestra prensa y clase política.
¿Que sucedería si en Cuba un piquete de soldados cometiera el crimen de matar a culatazos a un ciudadano? Aquí, lo sabemos, es un hecho judicial sin mayores implicancias políticas, ni tampoco vinculado a los derechos humanos.




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