
La protección de intereses traducida en censura admite grados. Ocurrió cuando las grandes cadenas de farmacias se coludieron en perjuicio de los usuarios . Hay hechos que sencillamente no pueden ser silenciados de un modo absoluto.
El potencial derrumbe de un edificio nuevo en Ñuñoa es profusamente informado por televisión, y para sorpresa de muchos se menciona expresamente a la poderosa empresa inmobiliaria Paz Froimovich, responsable de su (deficiente) construcción.
Nadie, eso sí, pide mano dura contra ellos, ni encara a sus ejecutivos.
Pero ante tamaña evidencia, sólo puede leerse como una efusiva muestra de lealtad que la edición impresa de La Tercera contenga un breve reportaje sobre la emergencia en el edificio “Emerald” refiriéndolo como “…la torre de Irarrázaval 2931…” y sin jamás entregar el nombre de la empresa constructora. “Personeros de la constructora”, “la constructora”, son las señas de la nota.
En el diario “popular” de Copesa, también se quiere evitar dañar a Paz. La edición web de La Cuarta del 2 de marzo la menciona en la nota “Edificios de papel“, material que en la edición impresa se transforma en una historia “humana” donde desaparece el nombre de la constructora.
Con toda probabilidad, cuando cristalicen acuerdos compensatorios entre la empresa y sus clientes, los diarios de Copesa destacarán la “responsabilidad” de la inmobiliaria.




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