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“¿Quieren sangre?  ese es el periodismo en el que estamos inmersos como país”. Después de esta frase de la renunciada directora de la ONEMI, Carmen Fernández, el periodista Nibaldo Mosciatti de la radio Bío Bío cortó el despacho en vivo con un brusco “¡suficiente!”, espetando su molestia porque se “culpa a la prensa”.

Dejemos por ahora a un lado esta actitud más o menos común de pretender que la prensa esté dispensada de todo escrutinio o crítica.

Carmen  Fernández tiene una responsabilidad en la crisis. Pero su interpelación a los medios no deja de ser fundada. Se personalizó en ella la incapacidad de las instituciones para atender la catástrofe,  majaderamente. Mal que mal era el eslabón más débil.
No fue merecedora de entrevistas “humanas” ni de otras tribunas exculpatorias. Diferencia de trato que acusa en su declaración de salida: “La Armada sindicó personas, las alejó de sus funciones y cerró las puertas al periodismo y yo sigo dando explicaciones eternamente”.

Su renuncia demuestra una vez más que la acción selectiva de los medios de comunicación tiene efectos políticos decisivos para cerrar situaciones de crisis.

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