Cuando Guillier comienza a hablar las noticias, las primeras cinco noticias, yo literalmente comienzo a llamar al 133…” Así se refirió el vocero de gobierno Francisco Vidal a la polémica generada por la portada de La Nación del jueves recién pasado, dirigiendo el contra ataque a la sangrienta línea editorial de Chilevisión.

Invitado esa misma noche a Última Mirada, fue literalmente encarado por su conductor, el periodista Matías del Río, quien con poco disimulo y algo de nervios insistió una y otra vez en el mismo argumento: la televisora de Piñera “muestra la realidad”, no la inventa. Veamos el vídeo.

 

Más allá de la discusión sobre la crónica roja, llama la atención el curioso concepto de libertad de expresión que tiene el periodista del Río y que claramente representa el pensamiento imperante entre los dueños de medios. Habrá libertad de expresión en tanto los grandes canales de TV, los diarios poderosos y las cadenas de radio no sean tocados ni con el pétalo de una rosa, metáfora aplicable al caso.
Porque concordemos que la crítica de Vidal es menos que tibia, aunque como vemos sirve para medir la sensibilidad de los medios. Y támbien podemos preguntarnos por la cacareada independencia periodística, pues se cae en el contrasentido que la actitud del conductor es tanto o más impresentable que la tantas veces citada portada del diario La Nación.

Pero como se trata de un canal cien por ciento privado, la anécdota pasa desapercibida en su real dimensión. Y esa es la cuestión de fondo: la industria chilena de la información no está sujeta a escrutinio de ningún tipo, pese a estar ocupando (en este caso al menos) un bien público como es el espectro radio eléctrico. Y no tolerará críticas ni regulaciones.
El mismo Matías del Río plantea el siguiente dilema:

“… que libertad de expresión hay si se denosta los contenidos? ¿Que viene después?

Descuide señor Piñera, no vendrá nada, sólo ganacias y chipe libre.

Vidal: mucho ruido y pocas nueces.

Debemos reconocer que Francisco Vidal es uno de los pocos exponentes del poder que de tarde en tarde demuestra alguna incomodidad con el actual estado de la libertad de expresión en Chile. Más de alguna vez habló sobre el tema cuando era panelista en un programa de radio Universidad de Chile. Incluso mientras oficiaba como presidente del directorio de TVN concedió una entrevista en la que formula algunos cuestionamientos sobre el real pluralismo del canal “público”.
Sin embargo, si admitimos que su visión es sincera, constatamos que no ha ejercido ninguna influencia en la política del estado. No se ve en el horizonte ninguna propuesta que tenga como propósito promover la diversidad de opiniones. El avisaje estatal sigue financiando al oligopolio Copesa-Edwards, grupos conservadores dominan sin contrapreso la Tele en base a eternas concesiones, el gobierno torpedea sin escrúpulos la aparición de otra voz, como sería Clarín….en fin, el status quo.

¿Pasará alguna vez el ministro Vidal de las palabras a los hechos? Está por verse.

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