Según la radio Bío Bío “si más de algún compatriota ha querido mandarle un mensaje a Hugo Chávez, representó a todos tras decirle al presidente de Venezuela que era un dictador“.
Razón tiene la radio, la joven y fugaz “celebridad” representó a todos los medios nacionales.
Sin duda, la anécdota del twittero refleja el alto rendimiento de la propaganda contra el proceso venezolano. En Chile parece no haber dos opiniones sobre el particular. El patrón existente señala a Venezuela como una suerte de dictadura, donde no hay libertad de expresión y se “cierran medios opositores”.
A las informaciones falsas y tergiversaciones se añade un lenguaje que consolida el mito. Con frecuencia los medios chilenos hablan del “régimen de Hugo Chávez”. Algunos incluso se han dado el lujo de fantasear con la existencia de “exiliados”.
La potencia propagandística es tal, que aisla a los incrédulos que no siguen el discurso oficial sobre Venezuela. Los pocos que, en televisión, se atreven a controvertir la caricatura reciben como invariable respuesta de sus entrevistadores, una mueca, una risita, jamás un argumento.
El ciudadano común, probablemente tenga internalizada la idea de una dictadura en Venezuela. Los medios ocultan que la democracia venezolana permite, por ejemplo, que los ciudadanos revoquen el mandato presidencial. Asimismo, las fuerzas políticas que componen el gobierno se han sometido en numerosas ocasiones al escrutinio popular, en comicios observados por la comunidad internacional. En fin, la libertad de expresión es una realidad en Venezuela. A diferencia de Chile, allá si hay medios de oposición en televisión, radio y prensa escrita.
Por lo pronto, ningún medio de comunicación abunda sobre si efectivamente Hugo Chavez es un “dictador”. El silencio concede. La misma radio Bío Bio dice que “Chávez dejó claro que mientras más lo critican más le resbalan los comentarios”. Es decir, reafirma que al anónimo twittero le asiste la razón.
Esa es el arma más efectiva, no entregar ningún elemento que racionalmente justifique la afirmación. Simplemente, fijar una imagen en la conciencia. Que importa si no es verdadera.




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