Seguro muchos agradecerán que la campaña presidencial escape de la acostumbrada puesta en escena, de la polarización electoral. La carrera televisada, sabemos, dispone de varios filtros que se utilizan tan mecánicamente, que los propios periodistas son presa de un profundo desconocimiento de la realidad política nacional.
Una nueva candidatura irrumpe, o eso dicen todos. Es Marco Enríquez-Ominami, quien ahora marca en las encuestas de los diarios La Tercera y El Mercurio. Gran parte del impulso de esta candidatura la encontramos en factores bastante evidentes, como el favor de la prensa rosa, cuyas portadas ocupa junto a su pareja estrella de televisión. Valga aclarar que la constatación de este hecho no importa una descalificación a su propuesta. Simplemente el personaje tiene a su disposición la vitrina clave para el impulso de toda aventura política. Y es muy sano que así sea, que los televidentes sepan que hay vida más allá de los empresarios Eduardo Frei y Sebastián Piñera.
Lo que no es nada de sano es que otros candidatos presidenciales sean condenados a las tinieblas, hasta nuevo aviso. Que tal vez tengan otros méritos, otra representatividad. Debemos insistir: se está privando a la población de su derecho a votar informadamente.
Existen otras candidaturas que tienen despliegue territorial, y cuyas actividades no son cubiertas por los medios. Es el caso de los senadores Adolfo Zaldívar y Alejandro Navarro, de ideas opuestas, pero ambos sujetos a similares grados de discriminación. ¿Cómo podrían “prender” estos candidatos en sus respectivos espacios políticos? El manejo de las salas editoriales produce un efecto perverso. Para quienes conocen su existencia, va quedando la impresión de debilitamiento progresivo, de que no despega. El plano de la imagen falsea amargamente la realidad.
El Primero de Mayo opinan en pantalla Frei y Piñera, en algún canal perdido se escucha Arrate. ¿El resto? No tienen opinión, están aparentemente de vacaciones.
¿Quien custodia a los custodios?
El conservador Adolfo Zaldívar se atrevió a criticar al Canal “Público” en sus fauces. Razones le sobran. Naturalmente ser entrevistado un par de veces a la una de la madrugada no compensa la exclusión implacable de los noticieros centrales.
Se supone que hay normas que resguardan el pluralismo. En el año 2005, el autor de estas líneas presentó una denuncia ante el Consejo Nacional de Televisión por la censura de que fue objeto el acto de proclamación de Tomás Hirsch como candidato presidencial. La presentación se dirigió contra 24 Horas de TVN, siendo desechada con la excusa de haber sido informado en los días siguientes.
Sin embargo, a partir de ella se formularon cargos en contra de RED TV y Canal 13 por censurar de un modo absoluto al candidato humanista. Si bien el Consejo Nacional de Televisión no es precisamente un símbolo del pluralismo, tiene la obligación legal de procesar los reclamos ciudadanos. Es una herramienta – limitada, sin duda- pero que eventualmente podría ir generando precedentes en materia de derecho a la información.





Por ese mismo motivo, mi estimado, usted debe seguir con esta labor, debe reclutar más personal, crear más sitios como este en unión con otras personas, y lograr vencer a el cerco informativo. En conclusión: debe dedicar más tiempo a este sitio, promover la construcción de más sitios (que estén encadenados) de este tipo.
Saludos.
SU NOTA ESTA PUBLICADA TAMBIEN EN http://WWW.DIARIOITIHUE.TK