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En una ciudad mexicana robaron un busto de Allende. Es lo que nos cuenta una  columna del diario mexicano La Jornada titulada Salvador Allende, el hurto y la memoria. El autor toma esa imagen para develar algunas claves que explican la presencia perdurable del Presidente en México, nos habla de los  barrios y calles que llevan su nombre. Eso nos provoca una sorpresa que se transforma en  amargura al cerciorarnos una y otra vez que en su propio país su lugar en la historia es desalojado injustamente.El columnista llega a la conclusión, siempre basado en la realidad política mexicana,  que hay sectores que pretenden olvidarlo o  “al menos volverlo light”. Un razonamiento que perfectamente podemos aplicar a Chile.

El derribo violento de las antenas de radio el día del golpe, las palabras proscritas del lenguaje popular por la tiranía y su aparato de propaganda inauguraron una operación silencio que dura hasta nuestros días. Muchos son los objetivos, entre ellos malograr la memoria colectiva, arrancarla de cuajo.

Olvidar no sólo a Allende, sino que a Prats, a Víctor Jara. Enterrar también las transformaciones empujadas por los sueños colectivos. ¿Cuántos niños de hoy sabrán quien es Allende? ¿Cuántos jóvenes? Es evidente: la educación formal, los medios de prensa hacen las veces de correa de transmisión de los deseos de unas cuantas decenas de familias. Basta mirar afuera. Basta mirar la tele para saber que Allende no es tema, o bien es sumamente peligroso.

Un Allende light.

También están aquellos que insisten en suavizar la imagen de Allende, volverlo light como dice Luis Hernández en La Jornada.

Ricardo Lagos entrega su visión de Allende en el diario español El País. Una descripción que mezcla elementos del desarrollo histórico de la experiencia de la UP con pinceladas deformadoras que trazan el mensaje de fondo. Justifica implícitamente el papel de la Democracia Cristiana en el derrocamiento del gobierno:

“…muchos demócratas reales sintieran que el camino de Salvador Allende, a la larga, no permitiría mantener la democracia en Chile. Y, en defensa de la democracia, se colocaron en una oposición dura a Salvador Allende

Lagos acomoda el legado ético y político de Allende a su propia experiencia y la de su coalición. Nos presenta una amalgama dudosa: un Allende de la transición. Y una versión amañada de la historia, donde no hubo Golpe sino “quiebra institucional”, tampoco intervención norteamericana sólo “polarización interna”.

Culmina Lagos reformando las últimas palabras de Allende:

“…nos dicen algo más: esas grandes alamedas hay que cuidarlas día a día, fortalecerlas día a día, para seguir transitando por ellas hacia destinos mejores.”

¿Que ya se abrieron? Pues lo sentimos, no estamos notificados.

Dejemos una nota de optimismo. La memoria de Allende  se sustenta en su pensamiento, trayectoria y entrega final. En el pueblo que lideró. Por eso hoy es recordado en el mundo entero. Y por eso será capaz de superar todo cerco impuesto por los agentes de poder.
Pero no debemos quedarnos dormidos.

Audio: Fragmento del Discurso de Salvador Allende en La ONU.

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