
Se asienta en nuestro país una cultura que desprecia la atribución de responsabilidades a ciertas instituciones.
Las notorias fallas del aparato estatal para enfrentar las consecuencias del terremoto son minimizadas desde el uso del lenguaje. Los organismos más cuestionados se presentan como piezas independientes, con lo que salvan la responsabilidad política de sus mandos superiores. No fue el gobierno, sino la ONEMI. No fue la Armada, el error fue del SHOA. Seguir leyendo »
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