
Para Ricardo Cruz Coke (”Geografía Electoral de Chile”, 1952) el cohecho constituyó el mayor vicio de nuestro sistema electoral después de 1925. Según narra este autor, en los latifundios el patrón tenía voto plural ya que echaba a los inquilinos en camiones y los llevaba al pueblo a votar toda vez que el procedimiento de votación facilitaba y fomentaba específicamente el cohecho: “Si ha votado bien se le paga a la vuelta a la hacienda” era la consigna. En las zonas urbanas los electores llegaban a la secretaría de propaganda donde les daban una tarjeta y el voto particular, los vigilaban y controlaban durante la votación y si votaban bien les pagaban en un lugar ad hoc que cambiaba constantemente.
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