Uniforme, como es lógico, fue la reacción de los medios que dominan el escenario chileno ante el fallo del CIADI que favoreció a los dueños de Clarín. Con rápidez operaron los consabidos mecanismos para desviar la atención del fondo del asunto y por que no decirlo, la censura.

El duopolio de la prensa escrita y la Tele coincidieron en presentar el histórico caso como un problema directamente relacionado con los intereses del Estado, con las arcas fiscales. Un sólo aspecto y no cabe duda que el menos importante. Sendas columnas editoriales de El Mercurio y La Tercera fijaron su posición frente al fallo, apuntalando el espurio concepto de un supuesto daño a los “intereses nacionales”, rechazando de plano los argumentos aceptados por el tribunal y además dando por ciertas peregrinas historias sobre la adquisición de Clarín por parte de Víctor Pey.

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