¿Y cómo cayeron?
Muchas veces se emplea la expresión “cuarto poder” para señalar a la prensa en el sentido de que es un cuerpo autónomo del poder político y que por ende ejerce un control permanente sobre éste. Dicha acepción no es aplicable al caso chileno. Al menos no a aquellos medios que dominan la agenda, que más bien son extensiones del poder y rara vez se apartan del “recto camino”. Quizá por la misma razón caen en la inercia evidenciando una descendente capacidad investigativa.
En dos días estallaron dos escándalos de similares características que culminaron con la salida de la Subsecretaria de Transportes y del jefe de la Escolta presidencial. Ambos, como es sabido, emplearon bienes fiscales para fines particulares.
El otro denominador común en estos casos es que detonaron gracias a la labor de dos medios: el diario electrónico El Mostrador y Radio Bío Bío.
Elinett Wolff fue apartada del cargo tras hacerse pública su actividad de pequeña empresaria en el reportaje “El insólito pituto de la subsecretaria que vende frambuesas” del periodista Miguel Paz.
Radio Bío Bío, por su parte, fue decisiva en el caso del comandante Aldo Vidal al insistir en su cobertura pese a las presiones, y acoger en sus noticieros el testimonio del sargento Sergio Zúñiga, denunciante de las irregulares actividades del oficial.
Dos modestos pero a la vez saludables triunfos de una sector de la prensa que da muestras en los hechos de deseables grados de independencia.
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